Como todo fronterizo, los ciudadanos normales de Reynosa, nos levantamos mirando el reloj para ajustar nuestro velocímetro mental, ya sea para llevárnosla calmada o para acelerar el paso y no llegar tarde a los compromisos.
Así es nuestro temperamento. No somos metódicos obsesivos; ya sabemos que desde que el "pito" de la refinería dejó de sonar a las 7:30, a las 7:45 y a las 8:00 am diariamente, el reloj biológico lleva toda la sobrecarga de la levantada tempranera.
Lo anterior, por supuesto, tiene que ver con nuestro carácter un tanto displicente en todo lo que a planeación se refiere.
Es decir, si no somos puntuales, menos podemos ser preventivos... La mejor prueba la podemos encontrar en algunas invitaciones de boda que para informar la hora en que se requiere la presencia de los invitados, ya sea en la ceremonia religiosa o en el lugar de la celebración festiva, llevan impresa una graciosa recomendación que dice así: "favor de llegar 15 minutos antes, ya que la ceremonia iniciará puntualmente".
O sea, el mensaje oculto es: "no vamos a esperar a nadie que no haya llegado a la hora fijada".
Lo anterior, ilustra el porqué aún en comidas y citas de negocios, hasta los más poderosos empresarios, no son puntuales en sus citas.
Y cabe aclarar que no es un asunto de desdén, indiferencia, descortesía o desgano; así somos.
Inclusive en la preparación de actos oficiales, se escucha decir al coordinador de eventos: "vamos a citar a las 7, para empezar a las 8.
Pero, porqué hago ésta breve narración crítica?
Muy sencillo. Aún cuando se nos ha dicho hasta el cansancio que es necesario estar atentos a las condiciones económicas que paulatinamente nos dan aviso preventivo de que la inflación, el desempleo y el retiro de inversiones extranjeras podrían generar inestabilidad regional, no hacemos caso.
Omitimos tomar precauciones familiares, laborales, corporativas o gremiales. Sencillamente, nos dejamos llevar por nuestro carácter reynosense y nos abandonamos en la inercia de la espera de los momentos críticos que habrán de llegar.
Lo anterior no fuera grave, si no estuviéramos alimentando a nuestras nuevas generaciones con las mismas tradicionales semillas de indiferencia a la puntualidad y desapego a la prevención, en toda la extensión de la palabra.
Porque finalmente, en este momento, ya se nos ha revertido de la manera más explícita la irresponsabilidad generacional de no inculcar puntualidad y sentido común en los niños y jóvenes de principios de siglo XXI.
La muestra está a la vista. No debe causarnos extrañeza que en las estaciones de bombeo de agua para la población de Reynosa, no se cuente con plantas de emergencia que funcionen con Diesel, para ser encendidas cuando la energía eléctrica se suspenda por parte de la proveedora federal.
Tampoco deberá extrañarnos que los bomberos no tengan al menos 8 estaciones distribuidas estratégicamente en una ciudad de más de un millón de habitantes.
No debe causarnos ni pena ni congoja, que los semáforos hayan sido colocados en tal forma que el vehículo de la punta no pueda ver el momento del cambio cromático, porque el semáforo (carísimo por cierto) quedó instalado encima de él. La solución irrisoria ha sido esperar a que los vehículos de atrás, suenen su claxon ofensivamente, para saber que "ya se puso en verde".
Menos debe extrañarnos que un agente de tránsito salga a buscar su sobresueldo los domingos por la tarde, a bordo de "su" patrulla, deteniendo vehículos enfrente de la COMAPA, arguyendo falsa y dolosamente, que esa vialidad es de sentido opuesto.
Y qué pasa? Nada; Así somos. Todos criticamos, pero nadie hace nada.
Ahora que se está haciendo costumbre que Estados Unidos cada vez con mayor frecuencia, hace públicas las evidencias de malas conductas de funcionarios mexicanos ya sea por ineficaces o por corruptos, pues vamos a esperar a que, ojalá pronto, ponga los ojos en Reynosa.
Mientras tanto, conciudadanos, prosigamos batallando con el ancestral bache de la Insurgentes con Occidental en la Colonia Longoria, el desaseo de la entrada a México por el Puente Reynosa-Pharr, las triples filas en las taquerías, los incontrolables sobreprecios cárnicos en las tiendas departamentales y el ocultamiento de las cuentas con la COCEF.
Adelante, Reynosense, aunque sea muy despacio, avanza a tu paso; no te fatigues; poco a poco esfuérzate por ser puntual y por ser preventivo; vale la pena el sacrificio, hazlo por los que vienen.
Moisés Abel García Flores
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